viernes, 19 de noviembre de 2010

Adopciones irregulares en Bilbao

http://www.deia.com/2010/07/18/bizkaia/me-robaron-la-nina-y-la-vendieron

Presuntas adopciones irregulares en Bilbao
"Me robaron la niña y la vendieron"

Mª Dolores Chumillas aún busca a la hija que tuvo hace 30 años en una conocida clínica bilbaina y que, según denuncia, se la arrebató la mujer, ya fallecida, que regentaba una oscura red de pisos de "acogida"

Arantza Rodríguez - Domingo, 18 de Julio de 2010 - Actualizado a las 04:41h.

Bilbao

Yo fui una pobre desgraciada en Bilbao. Me robaron la niña y me la vendieron en 200.000 pesetas, según creo". María Dolores Chumillas no se anda con rodeos. Descuelga el teléfono en su casa de Alcantarilla, en Murcia, y regurgita su traumática vida sin más prolegómenos. Dice que, más de treinta años después, ha perdido la esperanza de encontrar a su hija. Pero algún hilo le debe de quedar porque revive el dolor con el único fin de poder abrazarla.

A Loli le cambió la vida cuando, en 1977, se quedó embarazada. Pero para mal. "Tenía 30 años y era una inocente que no sabía nada de hombres. Me salió un novio y el sinvergüenza me engañó. Mi familia me echó porque no quería tener a una madre soltera en casa". Obligada a abandonar su pueblo, en Murcia, víctima del qué dirán, "por mediación de un cura" fue a parar a Bilbao, donde otro sacerdote le habló de una señora, ya fallecida, que tenía pisos de acogida para mujeres en su situación. "Entonces yo vi los cielos abiertos, porque de verme en la calle...".

Pero los cielos se cerraron como una cámara acorazada nada más atravesó el umbral de uno de aquellos pisos. "Estaba en Alameda Urquijo, encima del cine Izaro. Allí sufrí un calvario porque esa señora era más mala que un demonio. Éramos como unas veinte chicas y estábamos todas atemorizadas y muertas de hambre y frío". De hecho, confiesa que envidiaba "las bandejas" que les ponían a sus compañeras cuando parían en la clínica, cerrada recientemente. "Yo decía: qué ganas tengo de dar a luz para hartarme de comer. Cogía en la plaza patas y cuellos de pollo y me los cocía con arroz, como los perros, ¿sabe usted? Me quedé hecha un esqueleto, se me cayó el pelo del hambre y del miedo. Si todavía tengo pesadillas...".

Por si el panorama fuera poco desolador, Loli se sintió explotada. "Trabajé como una negra. Aparte de los quehaceres de aquel piso, que era enorme, le cosía toda la ropa a la señora e iba a limpiarle su casa todos los días. Así pude ahorrar las 12.000 pesetas para pagar el parto de mi hija", dice y se adentra, sin titubeos, en el capítulo más desgarrador.

Un parto que "no dejó rastro"

"Tenía que haber denunciado, pero estaba tan atemorizada..."

Aún no había amanecido, aquel 13 de febrero de 1978, cuando Loli empezó a sentir dolores. "Me levanté, me duché y a las seis de la mañana, como estaba cerca, me fui andando a la clínica. Entregué mi DNI y, antes de ir al paritorio, pagué las 12.000 pesetas del parto", detalla, aunque de este registro no quedó ni rastro, según le dijeron más tarde en este centro sanitario, ubicado en Indautxu. "Yo me reventaba de dolor y la niña no nacía porque era muy grande. La señora me decía: Pues vas a parir por las buenas o por las malas porque yo no te voy a pagar la cesárea. La cuestión es que me durmieron, me abrieron -desde entonces tengo incontinencia porque me desgarré entera- y me sacaron a la cría, que nació preciosa, con 3,700 kilos, a las siete de la tarde".

Casi sin poder caminar, Loli le pidió a una monja de la clínica que le hiciera una foto a la recién nacida para enseñársela a sus padres "a ver si se compadecían". A los dos días de dar a luz, se embarcó, sola, en un tren rumbo a Murcia. "La señora me echó del piso, decía que yo tenía una depresión muy fuerte y que tenía que irme. Lo que quería era echarme para quitarme a la cría. La monja se ofreció a cuidarme a la niña hasta que volviera. Entonces, pobre de mí, ignorante, me vine al pueblo con la foto, se la enseñé a mi familia y ellos erre que erre, no quisieron saber nada", relata entristecida.

Con un poco de dinero que le dio su padre -"pobrecillo, al poco tiempo falleció"-, Loli cogió otro tren para Bilbao sin siquiera sospechar que había sido víctima de una supuesta trama de adopciones irregulares con tentáculos en otros puntos del Estado. "Me fui directa a la clínica. Digo: Vengo a por mi hija. Nombre y apellidos. Dolores Chumillas López. Aquí no figura usted para nada. Usted no ha tenido aquí ninguna hija. Digo: ¿Cómo que no? Si la tuve la semana pasada, el día 13... Aquí no reza para nada, así que se puede ir cuando quiera. Y me echaron de recepción, no me dejaron ni entrar". Desconcertada, acudió al piso de acogida, pero "el portero tenía orden" de no dejarla subir. "Tenía que haberme ido a denunciarlo a la Policía, pero como estaba tan atemorizada... No podía prácticamente andar del parto, me habían hecho un desastre, si estaba sangrando todavía... Para qué le voy a contar...", dice, como si aún le quedaran desgracias en el tintero. En su siguiente intento, esta vez por teléfono, confirmó su temor. "Una compañera me dijo que a mi hija la habían vendido ya en 200.000 pesetas".

Búsqueda e intentos de suicidio

"Aparecieron cinco chicas y yo, decepción tras decepción"

Sola, de vuelta a su pueblo, empeñó todos sus esfuerzos en buscar a su hija. "Me puse a trabajar de empleada de hogar. Como pude juntaba el dinerico y contraté a un detective, a ver si podía investigar algo. Escribí al defensor del pueblo, al tribunal de menores, a la Diputación de Bizkaia, salí en Quién sabe dónde y fui cuatro o cinco veces a la televisión, fui a San Sebastián, Barcelona, Madrid... Me he ido a cuarenta sitios y nada, no saben dónde está mi hija". Fruto de aquellos palos de ciego, "aparecieron lo menos cinco chicas, pero nos hicimos las pruebas y no era ninguna. Y yo, una decepción detrás de otra, y así llevo mi vida. Sinceramente ya he perdido la esperanza de que mi hija aparezca porque son muchos años", se resigna.

Sin posibilidad de tener más hijos -"me dejaron hecha polvo por dentro"-, a Loli tanto sufrimiento le carcomió la salud. "Enfermé de cáncer, me cortaron un pecho, tengo una trombosis en la pierna y estoy fatal de tanto padecer. ¿Usted cree que hay derecho a que me matasen en vida como me mataron?".

Tras un matrimonio fugaz que no llegó al año, se emparejó con Antonio, su ángel de la guarda. "Yo he tenido varios intentos de suicidio. Mi compañero me quitó la soga de aquí, del piso, me tomé una caja de pastillas antidepresivas y Antonio me encontró aquí muerta, me tuvieron que hacer un lavado de estómago y un desastre de vida... Todo a raíz de quitarme a mi hija". Con 600 euros de pensión, Loli sólo reclama justicia. "No quiero dinero, quiero a mi hija, porque a mí no me van a pagar con dinero romperme mi vida de la forma en que me la rompieron. A mí no me pagan con dinero eso. No me lo paga nadie".

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